𝐌𝐀𝐒 𝐓Ú 𝐍𝐎 𝐕𝐎𝐋𝐕𝐄𝐑Á𝐒
𝐌𝐀𝐒 𝐓𝐔́ 𝐍𝐎 𝐕𝐎𝐋𝐕𝐄𝐑𝐀́𝐒
Volverán las auroras a encenderse sobre el cristal dorado de los ríos, volverá la alondra con sus trinos
a despertar los bosques dormidos; volverán las estrellas a encenderse en la inmensidad callada del cielo, y volverá la luna, lentamente, a derramar su plata sobre el suelo.
Mas tú no volverás.
Y en esta soledad que me acompaña, cuando la tarde muere entre suspiros, pregunto al viento por tu nombre amado y solo encuentro ecos y vacíos.
¡Quién sabe en qué rincón de la distancia tu dulce corazón halló reposo!
¡Quién sabe si otro amor besa tus labios y escucha tus palabras amorosas!
Yo nada te reprocho, vida mía.
La culpa fue tan solo de mis manos, que, por abrazar sueños imposibles, dejaron escapar su bien más caro.
Mientras buscaba afanes y victorias, mientras corría tras un porvenir incierto, no comprendí que el cielo de mis días habitaba en tus ojos siempre abiertos.
Creí que eras eterna.
Creí que tu ternura permanecería como permanece el sol sobre la cumbre, como permanece el mar junto a la orilla, como la fe permanece ante la duda.
Y hoy que ya no estás, hoy que tu recuerdo es mi castigo, comprendo cuánto amor guardaba el alma sin haberlo expresado mientras estabas conmigo.
Aún siento la tibieza de tus manos, aún siento tu perfume entre las flores, aún escucho tu voz en las penumbras como un himno lejano de emociones.
A veces, cuando pasa alguna joven envuelta en esa esencia que adorabas, mi corazón se agita de repente y cree que eres tú quien se acercaba.
Entonces vuelvo el rostro apresurado, buscando la ilusión que me sustente; pero la realidad, fría y severa, me devuelve al dolor inexorablemente.
Y lloro.
No con el llanto amargo de los débiles, sino con ese llanto silencioso que brota cuando el alma comprende que ha perdido un tesoro milagroso.
Porque fuiste el primer amor de mi vida, la primera emoción de mis abriles, la luz que transformó mis horas grises en jardines poblados de jazmines.
Fuiste la inspiración de mis desvelos, la música secreta de mis días, la estrella que brillaba en mi horizonte cuando la noche parecía sombría.
Y aunque el destino haya levantado entre los dos su muro de distancia, mi corazón conserva tu recuerdo como el templo conserva su fragancia.
No habrá tiempo bastante para borrarte, ni invierno que marchite tu memoria; vivirás en mis versos y en mis sueños, como viven las leyendas en la historia.
Y cuando llegue el día de mi ocaso, cuando mi voz se extinga lentamente, tu nombre será el último suspiro que abandone mis labios para siempre.
Porque algunos amores no concluyen cuando se alejan de nuestra presencia; se vuelven eternidad, se vuelven poesía, se vuelven nostalgia, y habitan para siempr en la región más profunda del alma.
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