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𝐄𝐏𝐈‌𝐋𝐎𝐆𝐎 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐐𝐔𝐄 𝐒𝐎ÑÉ

Y si algún día, cuando los años hayan pasado como pasan las hojas del otoño sobre los caminos, encuentras estas páginas olvidadas entre los libros viejos de tu padre, no las leas como poemas. Léelas como huellas. Cada verso fue una caricia que aún no podía darte. Cada palabra fue un abrazo enviado al porvenir. Cada lágrima escondida entre los renglones fue una prueba del amor que existió antes de tu llegada. Tal vez entonces yo tenga el cabello blanco, las manos cansadas y la mirada llena de recuerdos. Pero habrá algo que el tiempo no podrá cambiar: el amor con que te esperé. Porque te amé antes de conocerte. Te amé antes de escuchar tu voz. Te amé cuando aún eras apenas un sueño perdido entre las estrellas. Y si la vida fue generosa y me permitió verte crecer, cada instante a tu lado habrá sido un regalo. Y si el destino escribió otra historia, si permaneciste para siempre en el reino de los sueños, seguirás siendo igualmente amada. Porque hay amores que no necesitan existir en la tie...

𝐂𝐔𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐏𝐎𝐑 𝐅𝐈𝐍 𝐋𝐋𝐄𝐆𝐔𝐄𝐒

Cuando por fin llegues, pequeña mía, no habrá campanas suficientes para anunciar tu llegada, ni amaneceres lo bastante hermosos para igualar la alegría que traerás a mi vida. El mundo seguirá siendo el mismo para todos, pero para mí habrá cambiado para siempre. Los árboles tendrán un verde más intenso, las flores parecerán más bellas, y el cielo será más grande, porque en él daré gracias por tu existencia. Te tomaré entre mis brazos con el temblor sagrado de quien sostiene un milagro. Y mientras duermas sobre mi pecho, escuchando el latido de mi corazón, comprenderé que todos los caminos recorridos, todas las esperas, todas las lágrimas y todas las esperanzas me condujeron hasta ti. No sabrás entonces cuánto te soñé. No sabrás cuántas veces imaginé tu sonrisa, ni cuántas noches conversé contigo en silencio. Pero yo sí lo sabré. Y cada vez que me llames padre, aunque hayan pasado muchos años, volveré a sentir la misma emoción de aquel primer instante. Habrá días de sol y habrá días de t...

𝐄𝐋 𝐍𝐎𝐌𝐁𝐑𝐄 𝐐𝐔𝐄 𝐀Ú𝐍 𝐍𝐎 𝐓𝐈𝐄𝐍𝐄𝐒

Aún no tienes nombre. Nadie te ha visto. Nadie conoce el color de tus ojos ni el sonido de tu risa. Y, sin embargo, existes. Existes en las horas silenciosas de la noche, cuando los sueños se acercan despacio y el corazón habla un lenguaje que solo Dios comprende. A veces pienso en el nombre que llevarías. Lo pronuncio en voz baja, como quien teme despertar a un ángel. Lo escribo sobre el viento, sobre las nubes, sobre las páginas invisibles de la esperanza. Y cada nombre me parece pequeño para contener todo el amor que imagino para ti. Porque no serías solamente una hija. Serías la respuesta a muchas oraciones. La flor más hermosa de mis jardines. La estrella más brillante de mis noches. La página más bella de mi historia. Te imagino creciendo entre risas, llenando la casa de canciones, convirtiendo los días comunes en recuerdos extraordinarios. Y cuando el tiempo avanzara, como avanza el río hacia el mar, vería abrirse tu alma como se abre una rosa al amanecer. Entonces comprendería ...

𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐈Ñ𝐀 𝐃𝐄 𝐌𝐈𝐒 𝐒𝐔𝐄Ñ𝐎𝐒

Hay noches en que el silencio desciende tan lentamente sobre el mundo, que parece posible escuchar el latido de los sueños. Es entonces cuando llegas. No vienes por los caminos de la tierra, ni cruzas puertas ni ventanas. Llegas desde ese reino invisible donde habitan las esperanzas que el corazón se niega a abandonar. Y te veo. Corres entre jardines iluminados por la luna, persigues luciérnagas entre las sombras y tu risa se eleva hacia las estrellas como una campana de cristal. Entonces me llamas. Y en esa sencilla palabra, en ese dulce "padre", encuentro más felicidad que en todos los tesoros del mundo. Tus pequeñas manos buscan las mías, tus ojos reflejan la ternura de tu madre, y en tu sonrisa florece la misma luz que un día encendió amor en mi corazón. Pero el alba llega. Las estrellas se apagan. Los sueños retroceden lentamente hacia sus lejanos jardines de niebla. Y tú también te marchas. Sin embargo, antes de desaparecer entre la bruma, vuelves el rostro y sonríes. C...

𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐃𝐄 𝐌𝐈𝐒 𝐎𝐉𝐎𝐒

Si alguna vez la vida me concediera el milagro que en silencio le pido, no pediría al cielo más tesoros, ni otra fortuna que la de haber vivido. Bastaría una niña entre mis brazos, un pequeño latido junto al mío, una voz pronunciando mis silencios, un nuevo sol alumbrando mi camino. Y quisiera que tuviera tus ojos, porque en ellos habita la ternura; que heredara tu sonrisa enamorada y la luz apacible de tu dulzura. Quisiera verla correr por los jardines persiguiendo mariposas y luceros, mientras yo, desde lejos, contemplara el más hermoso de mis sueños. Sería mi plegaria de la noche, mi alegría al despertar cada mañana, la razón de mis esfuerzos y desvelos, la estrella más brillante de mi alma. Y cuando el tiempo, inexorable, pase dejando sus inviernos en mi frente, hallaría juventud en su sonrisa y primavera en su mirada inocente. Entonces comprendería que la vida no consiste en honores ni grandezas, sino en esos pequeños paraísos que Dios coloca, a veces, en la tierra. Porque una hij...

𝐀 𝐌𝐈 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐒𝐎Ñ𝐀𝐃𝐀

No sé si alguna vez vendrás a este mundo, ni si el destino guardará para mí la dicha inmensa de estrecharte entre mis brazos. Solo sé que existes. No en la tierra, ni bajo el cielo, sino en ese rincón secreto del alma donde habitan los sueños que más amamos. Te imagino con los ojos de tu madre, claros y serenos como la tarde cuando muere; con su sonrisa dulce, capaz de traer primavera a los inviernos más largos de mi vida. Te imagino corriendo hacia mí con los brazos abiertos, llamándome padre, y en esa sola palabra encontrando la recompensa de todos mis desvelos. ¡Padre! Qué sencilla parece esa palabra, y cuántos universos guarda. Porque ser padre tuyo sería aprender a vivir de nuevo; volver a mirar las estrellas con asombro, escuchar la lluvia como una canción y descubrir la felicidad en las cosas más pequeñas. Si algún día lloraras, mis brazos serían tu refugio. Si tropezaras, mi mano buscaría la tuya. Si el mundo te hiriera, pondría mi corazón entre tus penas y tu inocencia. Y cuan...

𝐍𝐔𝐄𝐒𝐓𝐑𝐀 𝐏𝐄𝐐𝐔𝐄𝐍‌𝐀 𝐋𝐔𝐙

Si un día el cielo, benigno y piadoso, quisiera coronar mi humilde suerte con una niña nacida de tu amor, bendeciría en silencio mi existencia. Dejaría atrás las vanas ambiciones, los afanes que al espíritu encadenan; y hallaría mi fortuna y mi destino en la pequeña luz de su presencia. ¡Qué dicha contemplarla entre mis brazos, tan semejante a ti, tan dulce y bella! Con tus ojos de calma y de ternura, con tu sonrisa de apacible estrella. Y al verla despertar cada mañana, cuando la aurora en sus mejillas juegue, creería que la vida me concede un rincón de paraíso entre las sienes. Yo velaría sus sueños en la noche, guardaría sus pasos en la tierra, sería su refugio en las tormentas, su voz amiga cuando el mundo duela. La vería crecer como una rosa que abre sus hojas al fulgor de abril; y en cada nueva edad de su camino pondría mi cariño a florecer por ella. Niñez, juventud, madurez serena: cada estación tendría mi desvelo; y cuando fuese toda una mujer, seguiría velando desde lejos. Por...