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Cuando la tarde, silenciosa y triste, doble sus alas sobre el horizonte, y el viento vague entre sombras lejanas cantando nombres que la noche esconde; cuando mis ojos, cansados del mundo, busquen refugio de su amarga suerte, habrรก un sueรฑo que nunca me abandone, un sueรฑo mรกs fuerte que la misma muerte.


No es la gloria que buscan los hombres, ni el oro que deslumbra y luego huye; es una niรฑa de mirada dulce, que en mis desvelos silenciosamente vive.


Yo la imagino dormida en mis brazos, como un lirio de amor reciรฉn nacido; y al contemplar en su rostro tu belleza, creo escuchar la voz de mi destino.


Tus ojos en sus ojos reflejados, tu sonrisa en su inocente sonrisa, tu suave cabellera derramando sobre su frente una dorada brisa.


Y entonces, ¿quรฉ importaran las tristezas, las derrotas, el tiempo y el olvido?

Si en una sola de sus tiernas miradas hallara la razรณn de haber vivido.


Yo serรญa su sombra protectora, su faro fiel cuando la noche llegue; su compaรฑero en los caminos arduos, su refugio cuando el dolor la encuentre.


Y cuando el tiempo, inexorable y lento, cubriera de blancura mis cabellos, bastarรญa escucharla llamarme padre para sentirme joven de nuevo.


¡Ah! Si supieras cuรกnto la he soรฑado, cuรกnto la he visto sin haberla visto; ella serรญa el milagro de tu amor hecho carne, sonrisa y paraรญso.


Por eso guardo este anhelo en el alma, como se guarda una oraciรณn secreta: tener una hija nacida de tu ternura, y en ella amarte toda la vida entera.

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