𝐀𝐔𝐍 𝐃𝐄𝐒𝐏𝐔É𝐒 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐄𝐓𝐄𝐑𝐍𝐈𝐃𝐀𝐃
Si el destino me permitiera elegir un lugar donde habitar para siempre, no escogería los jardines del paraíso, ni los palacios de oro de los reyes, ni siquiera el rincón más hermoso del universo.
Escogería tu corazón.
Porque en él he encontrado más belleza que en todos los amaneceres del mundo, más paz que en la calma de los océanos y más luz que en todas las estrellas del cielo.
Desde que llegaste a mi vida, las horas aprendieron a tener sentido, los días se vistieron de esperanza y las noches dejaron de ser oscuras.
Tu nombre comenzó a crecer dentro de mí como crecen las flores después de la lluvia, como crece el mar cuando la luna lo llama, como crece el fuego cuando encuentra el viento.
Y desde entonces, sin pedir permiso, te convertiste en la razón secreta de mis pensamientos más hermosos.
Si pudiera transformarme en algo, sería el aire que besa tu rostro, la brisa que juega con tu cabello, la lluvia que acaricia tu piel, la luz que acompaña tus pasos y la estrella que vela tus sueños.
Sería la canción que escuchas en silencio cuando la nostalgia visita tu alma; el verso que recuerdas sin querer, el suspiro que nace en tu pecho cuando piensas en aquello que amas.
Quisiera estar presente en cada instante: en la alegría de tus triunfos, en el refugio de tus tristezas, en la calma de tus silencios, y en la profundidad de tus lágrimas.
Quisiera ser la mano que encuentres cuando el camino se vuelva difícil; el abrazo que te devuelva la esperanza cuando el mundo parezca derrumbarse.
Porque amarte no es solamente desearte.
Es querer proteger tus sueños.
Es celebrar tu sonrisa como si fuera el milagro más grande.
Es sentir que tu felicidad vale más que todos mis anhelos.
Y si un día los años cubren nuestros cabellos, si el tiempo deja huellas en nuestros rostros y la juventud se aleja en silencio, seguiré mirándote con los mismos ojos con los que hoy contemplo tu belleza.
Porque el amor verdadero no envejece con el cuerpo.
Madura con el alma.
Y cuando llegue el instante inevitable en que debamos despedirnos de esta vida, cuando el último atardecer cierre sus alas sobre nuestros cansados corazones, yo seguiré buscándote.
Te buscaré entre la luz de las estrellas, entre los caminos invisibles del infinito, entre los secretos que guarda la eternidad.
Y cuando finalmente vuelva a encontrarte, tomaré tu mano una vez más y caminaré contigo por los senderos eternos.
Entonces comprenderemos que ningún adiós fue definitivo, que ninguna distancia fue real, que ningún tiempo pudo separarnos.
Porque los amores nacidos del alma no conocen la muerte.
Solo cambian de cielo.
Y aun cuando el universo deje de existir, cuando las estrellas se apaguen y el tiempo pronuncie su última palabra, mi amor seguirá buscándote.
Mi amor seguirá nombrándote.
Mi amor seguirá perteneciéndote.
Aun después de la eternidad.
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